El tiempo suele poner las cosas en su sitio. A lo largo de la historia del cine hemos asistido a infinidad de casos en los que el público montaba en cólera de forma irracional y prematura. Las filias y fobias de los espectadores siempre se han desplegado de formas preocupantemente vehementes, lo que se puede apreciar mejor que nunca en esta era de redes sociales. El aluvión de críticas recibidas por Ben Affleck tras su fichaje como Batman es el mejor ejemplo de la ausencia de límites.

Precisamente el Hombre Murciélago es el que hoy reclama nuestra atención, pero en su primera versión cinematográfica. Cuando se hizo oficial el reparto de la Batman de Tim Burton (1989), las reacciones de los fans no fueron mucho más amables que las vividas por el bueno de Ben. En aquel caso, ese monstruo de la interpretación llamado Michael Keaton era el centro de los ataques. La campaña de acoso y derribo era de épicas proporciones, hasta el punto de que incluso desde Warner Bros. llegaron a plantearse si era mejor cambiar de actor cuanto antes. Un lío monumental.

500.000 cartas de protesta. Ni más ni menos que medio millón de quejas por parte de los fans de Batman se recibían en las oficinas de Warner Bros. en aquellos días. Los devotos de las viñetas de DC no tenían piedad.

¿Lo más curioso de toda la situación? Que poco tiempo después todos nos encontraríamos con uno de los mejores (si no el mejor) Batman de la historia. Michael Keaton cerró bocas a base de bien.

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