Batman había vuelto por todo lo alto. Tras unos cuantos años de bagaje por el desierto, Warner Bros. volvía a ver un filón en las viñetas de DC Comics. El Hombre Murciélago de Christopher Nolan prometía muchas alegrías, como se confirmaría posteriormente con El caballero Oscuro. Así, la major decidía ponerse manos a la obra con un proyecto realmente ambicioso.

Ni más, ni menos que 200 millones de dólares era la cifra que Warner decidía invertir en el asunto. El universo cinematográfico de Marvel también había comenzado a brillar, de modo que el fin del ostracismo para los superhéroes parecía haber llegado. Se atisbaban brotes verdes en el género. Algo estaba a punto de estallar y Warner Bros tenía que estar ahí. Así, la compañía decidía abordar la adaptación cinematográfica de La Liga de la Justicia.

DJ Cotrona como Superman, Armie Hammer como Batman, Adam Brody como Flash, Santiago Cabrera como Aquaman, Megan Gale como Wonder Woman, Common como Linterna Verde o el desaparecido Anton Yelchin como Wally West. Ellos eran los encargados de liderar el reparto de un filme que iba a contar con George Miller (Mad Max: Furia en la carretera) como director. De hecho, todos se encontraban ya en plena preparación del filme cuando llegó la noticia de que todo se suspendía.

Estaban entrenando y todos reunidos ya preparándose para lo que prometía ser un rodaje de lo más exigente. Sin embargo, en Warner se asustaron ante lo descomunal de la inversión y las dudas sobre su éxito. Así, un día el equipo recibió la llamada de los productores. La orden era sencilla: Coger todos los materiales, notas o guiones del proyecto y llevarlos a una sala. Allí se les pidió meterlo todo en bidones gigantes. Acto seguido se les comunicaba que todo había acabado. El proyecto moría antes de arrancar, pero nos dejaba unas cuantas instantáneas de La Liga de la Justicia que pudo ser y no fue.

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