Es un director fuera de lo común. Quentin Tarantino lleva años encandilándonos con un estilo de cine incomparable. Sus ácidos diálogos, sus escenas de violencia, su música inconfundible… Son ya muchos años familiarizados con una puesta en escena que se puede reconocer al instante. De hecho, el humor suele ocupar un lugar especial dentro de sus producciones. Una peculiar forma de arrancarnos carcajadas que, en Django Desencadenado, alcanzaba su máxima expresión.

Efectivamente, es una de las obras maestras del cine de Quentin Tarantino. Su western sobre la esclavitud nos regalaba pasajes inolvidables, pero ninguno como el del Ku Klux Klan. Haciendo gala de un humor negro desmedido, el director nos presentaba lo orígenes del grupo racista con Don Johnson y Jonah Hill al frente de un disfuncional grupo de individuos con sacos blancos en las cabezas y dispuestos a terminar con la vida de Django. En ese momento se producía una conversación de lo más surrealista y que derivaba en una de las mejores escenas de humor del cine moderno.

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