Ha sido una de las grandes reclamaciones del sector a lo largo de los últimos seis años. Allá por el 2012, el IVA cultural era del 8%, una cifra en consonancia con el tipo de gravamen impuesto en la mayoría de países de la Unión Europea. No éramos conscientes, pero la tragedia se cernía sobre nuestras cabezas. Con una brutal subida para lo que se vendió como una colaboración durante la crisis, el entonces gobierno provocaba una profunda herida que alejaba a espectadores de cines y teatro. Peor el remedio que la enfermedad, ya que la crisis provocada en el sector contribuía a aumentar la pobreza.

Así las cosas, los últimos presupuestos preveían una importante bajada del IVA cultural, dejándola en el 10%. Pese al cambio de gobierno, esto se hacía efectivo, por lo que todos empezábamos a hacernos la misma pregunta: ¿Como afectará esto a mi bolsillo?

Pues bien, el precio de las entradas de cine ha bajado. En algunos casos, en el porcentaje exacto de la reducción del tipo impositivo. Sin embargo, esta es la excepción. Salas que deberían dejar el coste de sus entradas en 1,10 € menos, terminaban reduciendo el coste en cifras de entre 0,50 y 0,80 €. Efectivamente, la indecencia se elevaba a la enésima potencia por parte de la mayoría de cines de España.

Ha sido una auténtica vergüenza escuchar a las cadenas de exhibición quejarse de la subida del IVA Cultural para luego reaccionar así tras su reducción. Muchos lo han utilizado para encubrir un aumento del coste de la entrada. Siempre con excepciones, pero infamia generalizada.

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