Para llegar a ser un grande del cine hacen falta muchas cosas. No es suficiente con tener talento, sino que también se antojan necesarias buenas dosis de trabajo, de audacia y un cierto amor por el riesgo. Todo ello lo sabe bien ese fenómeno de la naturaleza llamado Steven Spielberg, lo que quedó más que claro con Tiburón.

Efectivamente, una de las películas más emblemáticas de la historia del cine tenía un potencial evidente. Los productores no tardaron en darse cuenta, por lo que decidieron armarle un reparto de lujo para al director más prometedor de Hollywood. Robert Duvall era el elegido para dar vida al jefe Brody, pero tras leer el guión quedaba prendado de Quint. Ese iba a ser su personaje. Así, el papel de protagonista quedaba libre, por lo que los productores de Tiburón decidían llamar al mismísimo Charlton Heston. Impresionante, ¿verdad? Pues para cerrar el trío de protagonistas, los responsables del filme llegaban a un acuerdo con Jeff Bridges. Su papel sería el del biólogo marino Hooper.

Seguro que cualquiera de nosotros le habría dado el visto bueno a semejante plantel. Sin embargo, Spielberg tenía claro que no quería rostros excesivamente conocidos para su película. Así, Roy Scheider era el elegido para meterse en la piel de Brody. El problema es que faltaba solo una semana para comenzar el rodaje y no tenían ni a Quint ni a Hopper. El amor por El Golpe llevaba a Spielberg a contactar con ese genial secundario llamado Robert Shaw, mientras que una llamada de su amigo George Lucas recomendando a un joven Richard Dreyfuss acababa con el problema de Hooper. El resto es historia.

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