Muy mal lo han pasado los pobres… Durante décadas, cada vez que algún valiente (o inconsciente) decidía lanzarse con la adaptación cinematográfica de un videojuego, el resultado ha sido el mismo: desastre creativo y económico. Resulta interminable la lista de infamias vividas en este último cuarto de siglo. Y es que el género no ha estado muy fino, la verdad. De hecho, todavía nos revolvemos inquietos al recordar aquel Super Mario Bros (1993) con el que empezaba el bagaje por el desierto.

Es asombroso que la cosa no cuaje. En estos días en los que se venden videojuegos como churros, resulta que vivimos situaciones tan dramáticas como la de Need for Speed o Assassin´s Creed. Da igual la calidad del equipo artístico, ya que siempre terminan chocando con la misma piedra: El guión. Ese empeño por contentar a los fans de los videojuegos acercándose a los mismos termina lastrando las historias. Así, ningún sector del público termina satisfecho.

Sin embargo, parece que los primeros brotes verdes empiezan a dejarse ver. Tomb Raider y Rampage no son Ciudadano Kane, pero lo cierto es que ambas cintas apuestan por el “menos es más”. Historias sencillas y agradables, alejadas de la idea de los videojuegos en los que se basan. Así, ambas han sido capaces de amasar buenas cantidades de dinero y de dejar medianamente contenta a la crítica.

Tomb Raider

Uncharted y Tom Clancy´s The Division serán las siguientes. Metal Gear Solid también va tomando cuerpo. En sus manos estará la confirmación de que hay un futuro cinematográfico para las adaptaciones de videojuegos o, por contra, la demostración de que lo que estamos viviendo es un espejismo. Veremos.

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