Encontrarse películas de este calibre siempre es gratificante, pero el listón queda muy alto para el resto del año. Hace tiempo que Martin McDonagh venía amenazando con liarla muy parda. El director y guionista había arrancado su carrera tras las cámaras con dos obras tan audaces y personales como Escondidos en Brujas y Siete Psicópatas. Ambas cintas ponían de manifiesto un profundo conocimiento de los caminos más ocultos de la narrativa cinematográfica. Cierto es que el torbellino se le iba de las manos algunas veces, lo que le dejaba a un peldaño del cielo. No obstante, a base de mucho ingenio y una sensacional dirección de actores, el prometedor británico empezaba a hacerse un hueco en esto del cine.

Y así llegó Tres anuncios en las afueras. Construido como un modesto proyecto, la cinta se revelaba como la gran obra de este año. Complicado se antoja cruzarse con un ejercicio cinematográfico de este calibre en lo que queda de 2018. Martin McDonagh ha alcanzado una brillante madurez, lo que se traduce en una película que vuelve a estar cargada de humor negro, pero sin llegar a lo delirante. Los excesos del director dejan paso a una contención abrumadora, solo fracturada por momentos de pura ira.

Tres anuncios a las afueras

Lejos de lo que podría parecer, Tres anuncios a las afueras no es un thriller centrado en la búsqueda del culpable de un asesinato. Esa solo es la excusa para hablar de la convergencia espacial y temporal de dos personajes demasiado enfadados como para llevar vidas funcionales. Unos excelsos Frances McDormand y Sam Rockwell son el epicentro del filme, pero también la afectación a las vidas ajenas de este par de torbellinos.

Una pequeña grieta en un ser humano es susceptible de arreglarse, pero cuando se ha roto en mil pedazos, la cosa cambia. Lo único que queda es aprender a simular que todo está en su sitio. Así, la inercia y el tiempo pueden llegar a convencerte de que cada cosa ha vuelto a su lugar, pero las cicatrices nunca desaparecen. Los dos protagonistas de Tres anuncios a las afueras saben bien lo que es eso. Es mucho más agradable estar enfadado que triste.

Tres anuncios a las afueras

Tan capaz de arrancarte carcajadas, como de emocionarte profundamente, Tres anuncios a las afueras no es un filme que pueda clasificarse con facilidad en un género. Va de lo cruel a lo absurdo en cuestión de segundos. Incluso se permite la hiperbolización de algunas situaciones sin ninguna clase de rubor. Todo ello aderezado de unos diálogos poderosos. Y es que difícil será encontrar este año una película de nivel comparable.

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