La más europea de las nominadas a mejor película de los Oscar. Sensibilidad y sexualidad bien entendida frente a un ritmo irregular que tan bien se nos da por aquí. Call Me By Your Name es una seria candidata al gran premio.

No es fácil tratar la homosexualidad en el cine. O, al menos, no les ha resultado fácil a muchos directores. No es raro ver como numerosas películas caen en el cliché, en el tratamiento cómico o excesivamente dramático. Por eso, cuando surgen propuestas como Call Me By Your Name (Luca Guadagnino, 2017) son para aplaudir, ya que no es más ni menos que una historia de amor desde una perspectiva realista y con una sutileza que enamora.

Elio Perlman (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) en Call Me By Your Name | Sony Pictures Classics
Elio Perlman (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) en Call Me By Your Name | Sony Pictures Classics

La historia podría resumirse como el enamoramiento entre un adolescente y un alumno mayor de edad de su padre. Lo maravilloso de este relato es que todos los que nos hemos enamorado alguna vez nos sentiremos identificados en algún momento, aunque no compartamos la misma orientación sexual. No deja de ser una historia de alegrías, de miedos, de felicidad y de tristeza, y siempre estupendamente contada.

Todo avanza a ritmo lento, quizás de forma un tanto irregular y en ciertos momentos cayendo en algo de pedantería, pero siempre hacia adelante. Vemos cómo el protagonista tiene que enfrentarse a algo que desconoce y que no sabe cómo afrontar, pero con más naturalidad de lo que se suele ver. Y los momentos de climax de la relación son de auténtico cine, como esa escena en la plaza, diciéndose todo sin decir demasiado en realidad.

Elio Perlman (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) en Call Me By Your Name | Sony Pictures Classics
Elio Perlman (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) en Call Me By Your Name | Sony Pictures Classics

A Call Me By Your Name sólo le pediría una cosa para ser redonda: tijera. Suena cruel, pero menos recreación en ciertos momentos le vendría genial, puesto que hay espacio de sobra para construir una relación creíble y hermosa, y el aburrimiento no llegaría en algunos tramos. Pero, por lo demás, estamos quizás ante una de las películas más bonitas de un 2017 bien provisto de gran cine. Todo un logro.

Nota: 7,5.

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