Ya estuvimos tratando sobre la cuestión de la mujer en la Historia del Arte y cómo hay pocas mujeres, pero como las meigas, haberlas haylas.

Traigo a cuatro de ellas pero hay muchas mas que no deben caer en el olvido.

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1. Sofonisba Anguissola (1535-1625).
Era una joven italiana de buena familia que tenía un padre muy liberal y que también era pintor; cuyo extraordinario talento como pintora la llevó a ser reconocida por el mismísimo Miguel Ángel.

Detalle de retrato Anguissola
Detalle de retrato | Pinterest

Incluso Vasari, que venía a ser el cronista y crítico oficial de la época, se dignó a escribir unas líneas sobre ella.

El caso es que llegó a ser pintora de la corte de Felipe II, ganándose además la amistad y confianza de la reina Isabel de Valois, francesa ella y un poco perdida en la corte de El Escorial.

Anguissola retrató a gran parte de la familia real, incluido el propio Felipe II. Pero de entre su obra destacan sin duda sus maravillosos autorretratos, donde se representa como una mujer orgullosa y consciente de su talento.

La dama del armiño, ¿Greco o Argensola
La dama del armiño, ¿Greco o Arguissola) | Solozofandome

Ahora los estudiosos afirman que la que podría ser su obra más famosa se le ha atribuido a El Greco. ¿Os suena “La dama del armiño”, esa obra maestra? Pues, según muchos expertos, el cuadro del genio de Creta lo pintó en realidad una genio de Cremona.

 

2. Artemisia Gentileschi (1593-1654).
Otra grande italiana, esta vez nacida en Roma. Hija de otro pintor con cierto renombre y al que pronto superó.

Judith decapitando a Holofernes Gentileschi
Judith decapitando a Holofernes | Sartle

Es más, según muchos, Artemisia Gentilleschi llegó a superar a uno de sus coetáneos más grandes, el famosísimo, Caravaggio.

Podemos ver que ambos artistas pintaron una versión de  “Judith decapitando a Holofernes”. El cuadro de Gentilleschi es considerablemente más crudo y realista: vamos, puro “gore”.

Se aleja mucho de lo que se esperaba de una mujer de su tiempo y condición, pero parece que detrás hay una historia cruel.

Al parecer, Artemisia fue brutalmente violada por Tassi, otro artista, que para “compensarla” fue obligado a casarse con ella. Ante semejante panorama, no nos extraña nada que Artemisia se identificara un poquito con Judith espada en mano, rebanando el pescuezo de Holofernes.

 

3. Mary Cassatt (1844-1926) y Berthe Morisot (1841-1895).
Hubo más. Pero ellas fueron posiblemente las mejores pintoras impresionistas. En la Francia del siglo XIX era normal que las chicas bien aprendieran pintura (y costura o piano) como parte de una buena educación.

Mujer con niño en brazos de Mary Cassat
Mujer con niño en brazos de Mary Cassatt | Curiator

Mary Cassatt era hija de un rico norteamericano que gracias a su gran empeño logró meterse dentro del mundo y el círculo de amistad de los impresionistas.

Sus cuadros suelen representar mujeres y niños, por lo que pueden parecer algo convencionales: sin embargo, hay en ellos un trasfondo poco evidente, como ocurre con In the loge, donde una mujer abandona el papel de objeto para ser la que se atreve a mirar, prismáticos en mano.

Berthe Morisot
Jardín en Beugivon Berthe Morisot | trinarts

Por su parte, Berthe Morisot, provenía también de una familia burguesa. Ella y su hermana Edmée estudiaron pintura con profesores particulares, uno de los cuales, al percibir el talento de ambas, en lugar de alegrarse escribió alarmado a sus padres para advertirles del peligro que esto podía suponer para el “desarrollo normal” de su vida.

El caso es que Edmée desistiría, pero Berthe llegaría a ser una gran pintora que influyó al mismísimo Manet. Que para los impresionistas era un poco como influir en Dios padre todopoderoso. Así de claro.

 

4. Sonia Delaunay (1855-1979).

Nacida en Ucrania, Sophie Stern se casó con Robert Delaunay, que fue un artista abstracto con muchísima proyección.

Sonia Delaunay
Sonia delante de uno de sus cuadros ı Andothermag

Sonia destacó, además de por sus pinturas, por su trabajo en moda y sus estampados textiles: de hecho, se considera que su primera obra abstracta fue el estampado de una colcha para su hijo.

El matrimonio trabajó en intensa cooperación, hasta el punto de que en ocasiones las obras de ambos se confunden. Fueron, además, es que fueron pioneros en la publicidad con sus anuncios de tubos luminosos.

Sonia Delaunay
Algunos bocetos para teatro | andothermag

La muerte de él (en 1941) separó la pareja. Pero, una vez viuda, ella siguió su carrera creativa, siempre cercana a las nuevas vanguardias que iban surgiendo mientras promovía la difusión de la obra de Robert.
Fue la primera mujer artista viva en ser objeto de una retrospectiva en el Louvre. En 1964. Y, según las crónicas, deslumbró.

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