Cada vez está más presente en todos los medios y corrientes de pensamiento. Mensajes del tipo “No necesitas esa camiseta para ser más feliz”, “te sobran la mitad de las cosas que posees”, “las cosas más importantes no son cosas” ó la simple pero contundente “sé más con menos”.

Todo ello forma parte de la corriente del minimalismo que parece se impone paulatinamente y por lógica en una sociedad occidental ligeramente enferma de compras y ecológicamente insostenible.

Documentales como Minimalism: A Documentary About the Important Things, experiencias como la de Fumio Sasaki ó iniciativas como Proyecto 333 muestran una serie de opciones cotidianas a tomar para modificar el estilo de vida desastroso que llevamos hasta la fecha.

Minimalism Life. Vida minimalista

Parte la revolución de esto reside en su no radicalización. Es decir, EL CONSUMO NO ES MALO, ¡wow!, tremenda revelación. Es el consumo compulsivo el que es nocivo. Con esta teoría además, podré conservar mi mac y mi iPhone, eso me parece bastante bien. No, en serio, ya se está dando una lucha muy interesante entre el hiperconsumo representado a la perfección en tiendas como Primark y el minimalismo. Además esta última viene apoyada por otro tipo de prácticas como el yoga ó la meditación que siguen esa búsqueda interior. No importa lo que tengas, importa lo que seas y cómo.

El minimalismo tiene a su favor también el lado medioambiental. Un mundo con un consumo extremo es un mundo menos eficiente y más asqueroso, más contaminado. Por supuesto, todo tiene su vuelta espiritual, la cabeza se revuelve entre tantas cosas y se distrae. Se compara y se frustra… Es mucho mejor tener muy pocas cosas, pero que aporten un valor directo a tu vida, que no cien mil cosas que lo único que hacen es desgastarte.

El minimalismo viene para arrasar con todo.

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