La historia de Vlad Tepes “el empalador”, el auténtico Conde Dracula

Por Héctor F. Cachón el 14 diciembre 2017

Muchas pesadillas han llevado su nombre. El conde Dracula es una de esas figuras capaces de trascender las letras de un libro. Desde que Bram Stoker firmase su emblemática novela, allá por 1897, el vampiro comenzaba a sobrevolarnos de una forma más elegante. Y es que las leyendas del chupasangre siempre habían tenido un hueco entre sórdidas y oscuras supersticiones. Mitos de lo tenebroso a los que se les ponía cara por cortesía de la pluma de Stoker.

Como es habitual, todo mito, por irreal que sea, nace de una perturbación más o menos intencionada de la realidad. En la mayoría de ocasiones, la transmisión oral de historias va tomando forma con el salto generacional. Y Dracula no fue una excepción, tal y como comprobaremos con nuestro viaje a la Europa oriental del siglo XV.

Vlad Tepes
Retrato de Vlad III | Cámara de Arte y Curiosidades del Palacio de Ambras

Durante unos tiempos en los que el mundo se construía a base de guerras y violencia desmedida (un poco más que ahora), el príncipe de Valaquia era uno de los tipos más temidos. Vlad Tepes era el nombre de un joven cuyo poder se extendía a las actuales Moldavia y Rumania. El pequeño Vlad III ya apuntaba maneras desde niño. Su morbosa afición a las mazmorras del castillo de su padre iba sembrando un carácter oscuro que germinaba en forma de ferocidad adulta. Todo enemigo temía a Vlad. Los otomanos iban sufriendo, en cada guerra, la crueldad de un tipo que era idolatrado en su tierra.

De entre todas las cruentas aficiones de Vlad, una le haría pasar a la historia. Según relatan los libros de la época e innumerables grabados, la pena capital que imponía a sus enemigos era por empalamiento. Si a ello le añadimos el hecho de que llenaba un cuenco con la sangre de sus enemigos y mojaba pan en ella para comer, el nacimiento del mito estaba servido.

Vlad y los empalamientos

El hijo de Dracul

¿De dónde viene el nombre de “Dracula”? En la lengua nativa de Valaquia, “dracul” significa “diablo”. Precisamente el sobrenombre de Dracul se había asignado al padre de Vlad, por lo que el príncipe era conocido como Vlad Draculea Tepes (“Draculea” significa “hijo de dracul”). Todo esto, junto a la capa negra propia de la Orden del Dragón a la que pertenecían sus antepasados, terminaba por configurar a un de leyenda.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.