La calavera perdida de Goya

Por Héctor F. Cachón el 22 diciembre 2017

Nadie se explica todavía dónde demonios está el cráneo de Francisco de Goya. Cierto es que la cabeza del grandioso pinto había empezado a volar en vida, pero lo que ocurriría con ella después de su muerte sigue siendo una pregunta que muchos estudiosos todavía se hacen.

El 16 de abril de 1828, la vida del pintor maño se apagaba en su residencia de Burdeos. Su cuerpo era enterrado en el cementerio bordelés de La Chartreuse, donde un mausoleo de la familia Muguiro de Iribarren servía para darle eterno descanso. Allí yacería uno de los más grandes pintores de la historia, olvidado por el país que le vio nacer. Al menos así sería hasta que el cónsul español, Joaquín Pereira, descubrió la tumba del de Fuendetodos. Comenzaban entonces los trámites de exhumación y repatriación del cuerpo de Francisco de Goya. Se antojaba necesario tratar con el honor debido a tan ilustre figura. El problema es que, al abrir el ataúd, la sorpresa sería mayúscula.

Goya tumba

Efectivamente, el cráneo de Goya no estaba allí.  Asombrado, Pereira informaba a España del extraño hallazgo, siendo obligado a traerse al pintor, con o sin cabeza. Sus restos mortales terminaban en madrileña la iglesia de San Antonio de la Florida en 1919, donde todavía hoy puede visitarse la tumba. Hasta entonces, un paso por la sacramental de San Isidro y mil preguntas sin respuesta sobre el destino del cráneo.

Obviamente, alguien asaltó la tumba de Goya en Burdeos. Muchos apuntan a la posibilidad de que el propio pintor diese su visto bueno a su amigo Jule Laffargue para que le cortase la cabeza tras su muerte y pudiese utilizarla en sus estudios frenológicos. Sin embargo, el pintor Dionisio de Fierros podría haber sido el autor de tan curioso robo en la tumba de Goya. “El cráneo de Goya pintado por Fierros en 1949”, podía leerse tras una de las obras de Fierros.

El cráneo de Goya pintado por Fierros
“El cráneo de Goya” | Dionisio de Fierros

Curiosamente, un nieto de Fierros siempre afirmaba que su abuelo tenía un cráneo en su estudio, que bien habría podido pertenecer al pintor. Desgraciadamente, ninguno de los descendientes de Dionisio de Fierros pensó nunca que podía tratarse de la calavera del mismísimo Francisco de Goya, perdiéndose la pieza en el misticismo de la ciudad de Salamanca.

 

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