Estaba visto que se iba a liar una muy gorda. Desde la primera novela de la saga Harry Potter, la amenaza de Lord Voldemort se iba haciendo cada vez más evidente. Muchos eran los que defendían firmemente que tal hecho era imposible. Y es que el regreso de “El que no debe ser nombrado” se negaba por activa y por pasiva.

A todo esto, nuestro queridísimo Harry pasaba las de Caín cada vez que se acercaba el final de curso en Hogwarts. Por si no fuese suficiente con los exámenes del colegio de magia, el joven Potter tenía que bregar con un temible tipo sin nariz que intentaba acabar con su vida. Lo peor de todo era que, por mucho que intentase avisar al mundo de una amenaza temible, la gran mayoría optaba por hacer oídos sordos ante lo que no interesaba aceptar. El propio Ministerio de Magia negaba el retorno de Lord Voldemort incluso cuando el Señor Tenebroso ya había empezado a sembrar de muerte y destrucción el mundo.

Efectivamente, la historia de Harry Potter llegaba a generarnos una intensa frustración. Para millones de lectores de J.K. Rowling e incontables espectadores de las películas, resultaba increíble que no se adoptasen medidas ante un mal creciente y evidente. Sin embargo, lo que en una historia así puede llegar a ver hasta un niño, en la realidad no es tan fácil de encajar. Y precisamente eso es lo que está ocurriendo con el cambio climático.

Muchos buscan excusas en las olas de frío, en que se produjo una seguía así en el año catapum o en que siempre han existido ciclos climáticos. Todo para evitar afrontar lo que es un hecho irrefutable o para no asumir las consecuencias del mismo. Los polos se derriten y la temperatura media del planeta aumenta año tras año. El calentamiento global es raudo y demoledor. Mientras nos perdemos en discusiones banales o tratamos de solucionar problemas absurdos, todo se va al garete.

Algún iluso todavía se atreve a decir que estamos destruyendo la Tierra. Nada más lejos de la realidad, ya que lo que estamos haciendo es destruirnos a nosotros mismos. La Tierra sobrevivirá a nuestra estupidez. Nosotros no. ¿Verdad que parece fácil entender todo esto? Pues que le pregunten al Ministerio de Magia…

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