El teatro negro de Praga es (era) conocido por su belleza y virtuosismo. Podemos decir que es un tipo de teatro que se ganó su fama a través de su muy buen hacer. Su especialidad reside en el increíble uso de las luces y los tonos fosforescentes. Gracias a esto ganan mucha fantasía y amplitud en el escenario porque tanto los objetos como las personas pueden volar, aparecerse de repente, doblarse, girarse, contraerse… Este tipo de teatro es mudo y dados sus colorines y su gran cantidad de música suelen venderse como teatro infantil. Conclusión: muy mal se les tiene que dar para que no llenen el teatro.

Vale. En esta ocasión, han traído a España Las Aventuras del Dr. Frankestein. Bueeeeno amigos del Teatro negro de Praga, Barabu producciones. Podéis coger este mismo espectáculo, meterlo todo otra vez en el autobús, llevarlo así en bloque al punto limpio, dejarlo allí y no volverlo a sacar jamás, porque menuda mierda.

Querido lector, no pienses que esto es gratuito. Está muy bien que alguien tenga una técnica muy depurada en algo. Ellos la tienen. Lo que no está bien es que creas que en una disciplina como el teatro, lo que importa es la técnica… no, la técnica sólo importa si mejora y potencia las emociones que te están intentando transmitir. La técnica vacía no vale para nada. Para eso se podrían dedicar a construir cosas… no sé, puertas de garage, tuberías oceánicas… cosas donde la técnica prime por encima del sentimiento.

La obra cuenta una especie de viaje sin sentido del Dr. Frankestein por varias ciudades de Europa haciendo no se sabe qué para no se sabe quién. En un momento dado el tren donde suele ir a estos lugares ya no está y despiertan a Frankestein. El momento álgido de humor del chou es donde, al darle las descargas, al monstruo se le levanta la mano y le toca el culo a la enfermera. Por si no era suficiente con la mierda de espectáculo, además sois unos rancios.

Mención aparte merece la terrible selección musical. No sólo son malas las melodías, que lo son. También son terríblemente desacertadas las elecciones de los timbres y las mezclas. De verdad, no es necesario este suplicio.

Como conclusión, a pesar de que todo esto parece una fiesta para los sentidos, no lo es. Las Aventuras del Dr. Frankestein es un espectáculo obscenamente aburrido donde lo único bueno de entrar es que sabes que en algún momento terminará y podrás olvidarte lo antes posible de esta experiencia tan enfasta.

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