En nuestro interior habitan diferentes tipos de voces. Dependiendo de la situación y el contexto en el que nos encontremos vamos a hablar de forma distinta. Si estamos hablando con nuestros jefes el timbre de nuestra voz será diferente que si hablamos con nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros padres… El contexto cambia nuestra manera de expresarnos y nuestro timbre vocal, porque nos habituamos al receptor y a lo que queremos conseguir. Es una técnica de supervivencia.

Mil veces he escuchado a actores o a poetas que hablan raro. Literal. Hablan raro, como en otro idioma. Con una voz impostada y una cadencia artificial y falsa. Esa voz que “ponen” tiene poco que ver con ellos. ¿De verdad hablan así en la vida? Espero que no. En parte el teatro consiste en un acto comunicativo entre lo que hay en escena y el espectador y cuando escucho a un actor interpretando así, no siento que me esté hablando a mí ¿A quién se están dirigiendo? ¿Por qué se expresan de esta forma?

Daniel Sorolla | Fotografía Gabriel Piñero

El actor trata de sobrevivir a los mandatos de una institución teatral y un sistema pasados de moda. El teatro de texto está arraigado a la tradición, al pasado. Se sigue pensando que la forma correcta de hacer teatro es la de hace 50 años. Y la sociedad ha cambiado: hay una contradicción entre el teatro y la sociedad. Ya no nos interesa lo mismo que hace años, nuestra forma de relacionarnos con el mundo ha cambiado. Nuestra lenguaje, nuestro comportamiento… Me hace gracia cuando se habla de teatro para jóvenes, pocos son los que en realidad brindan para que esto sea posible.  Parece que no se quieren dar cuenta de que el receptor y el contexto son diferentes. Nosotros no somos nuestros abuelos y si quieres llegar a un público joven, hay que cambiar el modo de hacer teatro. No estoy diciendo que no quiera que se muestre el pasado. Simplemente la forma de transmitir el mensaje. Hay que habituarse a la realidad social, no a la realidad que se quiere que sea para mantener las mismas estructuras que antaño. ¿Será que prefieren seguir hablándome en otro idioma para que no me entere de nada? O mejor dicho, para que pierda el interés en entender y evolucionar.

Debería de eliminarse la distancia que actualmente se encuentra entre el espectador y el espectáculo. Hay que acabar con la tradición para dejar paso a nuevas voces que tengan más que ver con la vida del aquí y el ahora. Modificar estas instituciones antiguas que nos presionan a mantener una voz que no se corresponde con el presente. 

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