Hace unos días pudimos leer en EL CULTURAL, una entrevista de Andrés Seoane a la directora de escena Carlota Ferrer con motivo del estreno Esta no es la casa de Bernarda Alba. En un momento de dicha entrevista el periodista escribe que “…la obra ha levantado ciertas ampollas entre los pretendidos puristas, como ya sucedió recientemente con el montaje de Bodas de Sangre…”

Me llamó la atención esta descalificación “pretendidos puristas”, primero porque el autor, que quería mostrarnos la opinión de la directora, terciaba con una opinión en la que aventuraba ciertas erupciones cutáneas en, al parecer, sujetos bien pensantes presuntamente incapaces de comprender la novedosa adaptación de la obra de Lorca.

Y segundo porque los guardianes de las esencias, ni siquiera lo eran pero lo pretendían, sin al parecer lograrlo del todo. Pero daba igual porque ya estaban sentenciados.

Hay que decir que Carlota Ferrer no entró en esa valoración que dice muy poco de la consideración que se debe al espectador, porque los creadores pueden ofrecer al público lo que les venga en gana y el público, de igual manera, puede pensar de lo que le ofrecen lo que quiera.

La misma libertad de expresión debe proteger, tanto a la obra de arte que se presenta, como a la opinión del que la ve. Porque ¿Qué pasa? ¿Que si al espectador no le gusta es un atrasado? ¿Retrasado? ¿Fascista, quizá?

¿Y el que acoge con alborozo la recreación de la Casa de Bernarda Alba es progresista? ¿Inteligente? ¿Rojo, quizá?

Por favor, hay que ir cambiando el chip con estas cosas. Habrá espectadores que consideren valiente y atrevida la función y otros que consideren que se traiciona a Lorca ¿Y…? ¿Hay algún problema por ello? ¿Por qué calificar a priori la opinión de un público que acaso ni siquiera a ido a ver la función? Además, deberíamos saber que a estas alturas y mientras no se demuestre lo contrario, no hay nada nuevo bajo el sol.

Rompedora y maravillosa fue aquella Bernarda que dirigió Angel Facio en 1976 con Ismael Merlo de protagonista y magistrales otras Bernardas que hemos visto siguiendo con fidelidad el texto de Federico García Lorca. La interpretación de 1976 es la foto de este artículo (que en aquel entonces sí que era provocación de la buena).

En fin, amigas y amigos, disfrutad con el teatro y no fiarse de los comentarios (este incluido).

Salud y Libertad.

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