Desde hace tiempo, el mundo de la política viene imitando al de la farándula. Los políticos son actores que representan diversas situaciones, en las que, como en el teatro, se desenreda el nudo argumental hasta llegar al desenlace. Asumen también los diversos personajes: el opositor, el gobernante, el rebelde, el cobarde, el corrupto…a todos los encontramos retratados en comedias y tragedias que ya conocemos.

Hasta se han apropiado de términos comunes al lenguaje teatral. Ahora dicen “el actor” para referirse a alguien (usado de siempre en la judicatura); el “escenario”; la “trama” (Gürtel); los “representantes” para diputados, senadores y demás, tal y como desde los orígenes de nuestro teatro se denominaron a los actores y actrices; el “relato”, para explicar la coherencia de las situaciones…etc.

Estaba cantado, de hecho esperábamos, que cualquier día alguien representase al político. Un actor haciendo de político, pero en serio, fuera de un teatro. Y por fin ha tenido que ser Boadella, no podría ser otro, para hacerlo como se debe.

Apareció en plasma (qué bonito, ya conocemos la fascinación que el plasma ejerce en algunos personajes) y diciendo: “No sóc aquí”.

Pero más allá de la noticia que conocemos todos, creo que debemos quedarnos con esa ocurrencia escénica por la cual un actor, un bufón, dice él, se viste de político y lo representa ejerciendo como presidente del reino, comunidad o lo que sea, de Tabarnia (otra brillante idea). A partir de ahora ya no habrá patente de corso para los que ejercen la política contándonos “relatos” o deshaciendo “tramas”. De la noche a la mañana la diferencia sistemáticamente establecida entre el representante actor y el representante político se difumina y los impostores quedan ante el foco a la vista de todos. Como los mosquitos alrededor de la bombilla.

Os dejamos el discurso completo del president:

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