Los trailers de cine actualmente poseen dos características comunes en el 99% de los casos: la excesiva explicación de la película y la repetida estructura musical.

De la primera no vamos a hablar en este artículo, pero estoy seguro que todos habéis visto últimamente algún trailer de un futuro estreno en el que habéis llegado al punto de no necesitar ver la película, pues ya has visto prácticamente todo lo que va a ocurrir en ella. Esto es especialmente común en Hollywood, con películas de acción o ‘blockbusters’.

Sin embargo, una sensación más sutil que habréis experimentado igualmente hace poco es la de tener la de haber visto ya ese trailer. La música, que interviene casi siempre en un plano subconsciente, aporta un “color” o un “filtro” al trailer o película que hace que en nuestro cerebro se cree un recuerdo asociado.

En la industria cinematográfica se está imponiendo una estructura habitual ya desde hace unos años, especialmente en grandes estrenos y películas de acción. No importa que el compositor de la banda sonora haya ideado para la película unos temas elaborados y consistentes, que contribuyen a ensalzar y explicar la película. En la mayoría de los casos en la actualidad, el compositor no crea la música del trailer, ésto es encargado a otro músico o, en el peor de los casos, a una empresa de producción musical que se encarga de ponerle música.

El resultado de esta revolución industrial musical y de sonido es que la música se estandariza, pierde personalidad. Si bien la calidad de sonido, la potencia y la claridad auditiva nunca han sido tan buenos, a costa de ello estamos perdiendo originalidad y creatividad. La paleta de colores musical está quedándose estancada en la gama de los grises. Fijaos en este primer ejemplo:

Empezamos con unas notas de piano, vamos con calma. Queremos ir explicando la historia (la cual te vamos a despedazar entera). Dejamos un silencio sepulcral para la frase célebre y empieza lo bueno, cuerdas y piano van dando intensidad al trailer (53″). Vamos metiéndonos en el argumento de la película a medida que la música va creciendo, fuerte crescendo justo antes del “chiste” de turno (1’29”) y entonces entramos con todo: cuerdas, percusión, efectos digitales… Parón para mandar mensaje al espectador (1’41”), y vuelta a la máxima potencia. Es lo que tiene no tener más registros musicales, que para evolucionar desde algo que ya está al máximo (en términos de sonido y potencia), no hay otra que parar, y tras el parón volver a lo mismo, para que parezca distinto. Y golpe de orquesta final para dejárnos sin aliento justo antes del logo/créditos.

Veamos otro ejemplo:

1- Notas de piano (9″).

2- Silencio para frase célebre y música más intensa (se vienen las cuerdas). (19″)

3- Aquí no hay chiste, pero sí mensaje al espectador y potencia máxima de sonido (cuerdas, percusión, efectos digitales…). (55″)

4- Parón y vuelta al máximo (1’25”).

5- Otro mensaje al espectador (1’46”).

6- Y golpe de orquesta final (2’20”).

Pero Disney y Star Wars son especialistas en este formato, veamos si no el trailer de la predecesora de The Last Jedi, The Force Awakens:

1- Notas de piano (9″).

2- Silencio para frase célebre y música más intensa (se vienen las cuerdas). (24″ y 45″)

3- Mensaje al espectador y potencia máxima de sonido (cuerdas, percusión, efectos digitales…). (59″)

4- Parón y vuelta al máximo (1’16”).

5- Otro mensaje al espectador (2’00”).

6- Aquí prefirieron dejar el leitmotiv de John Williams que el golpe final (gracias Disney!).

Como hemos dicho, ésto es algo común en películas de acción y ‘blockbusters’, pero últimamente se está extendiendo a otro tipo de largometrajes. Por ejemplo, el último thriller de Roman Polanski, “Based on a true history”:

1- Notas de piano (0″).

2- Silencio para frase célebre y música más intensa (se vienen las cuerdas). (17″)

3- Mensaje al espectador y potencia máxima de sonido (cuerdas, percusión, efectos digitales…). (40″)

4- Parón y vuelta al máximo (52″).

5- Otro mensaje al espectador (1’38”).

6- Y golpe de orquesta final (1’58”).

Por suerte siempre nos quedarán aquellos que apuestan por la originalidad y lo ‘inesperado’. Además de por el buen sentido del humor.

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