Cuando el inocente espectador entraba en la sala de cine ilusionado por ver de qué trataba la última película de la factoría Pixar, no se esperaba que para comenzar el visionado de la misma fuera a tener que esperar casi 40 minutos. Ojalá la culpa fuera sólo de la publicidad y los ‘trailers’ anteriores a la proyección principal. Pero, en este caso, la demora tenía un claro culpable: el corto de Disney Olaf’s Frozen Adventure.

Estamos acostumbrados (para bien) a que las películas de Pixar vayan precedidas de un corto de dicha compañía que suele igualar y casi superar en calidad a la propia película. Tras la “fusión” hace unos años de Pixar con el gigante Disney, hemos podido ir notando poco a poco la influencia que la segunda ejerce sobre la primera. En este caso, la proyección de un corto de Disney relacionado con su exitoso Frozen así lo demuestra. La productora americana, sin embargo, se ha visto obligada a retirar el corto de las proyecciones en EEUU del último estreno de Pixar, por el elevado número de quejas y opiniones negativas.

Esto no te lo esperabas Olaf
Esto no te lo esperabas Olaf

Podríamos criticar la excesiva duración del corto (22 minutos), podríamos criticar la pobre narración y la idea vacía que hay detrás del mismo, o podríamos criticar el mensaje final tan decepcionante como que el único personaje que tiene cierto “espíritu humano” sea ‘cosificado’ como moraleja de la historia.

No obstante, nos centraremos en la música, y más concretamente en las canciones que en este caso constituyen gran parte del corto (yo diría que hay más parte cantada que hablada). Ya es común y conocido el hecho de que muchas proyecciones de animación (y no animadas) incluyan en su banda sonora y en los créditos canciones de tipo comercial sin ningún tipo de relación con el argumento o la narración de la película por motivos puramente económicos. Después se comercializan, son interpretadas por “artistas” famosos e incluso dan lugar a videojuegos o karaokes. El mayor ejemplo de la historia es Disney, y de los últimos años es probablemente su largometraje Frozen.

Al igual que la película, el cortometraje que nos ocupa está plagado de canciones. 22 minutos de temas ultra-descriptivos, del mismo estilo comercial/popero vacío y cansino que el famoso Let it go y canciones poco o nada adaptadas a la narrativa de la historia. No aportan nada que no pudiera haber sido resuelto por un guión correcto y dan más la sensación de haber sido precompuestas (también es grave) y que las imágenes fueron adaptadas a ellas y no al revés. Resultado final: patinazo brutal de Disney (perdón por el juego de palabras) justo cuando está en proceso de producción de la secuela de Frozen, prevista para arrasar en navidades próximas.

Para dejar buen sabor de boca, hablemos de algunos buenos ejemplos de canciones recientes en películas de animación. Algunas os sonarán y otras no, es lo que tiene ser pensadas para funcionar dentro de la película principalmente y no para ser comercializadas después. También incluyo ejemplos que funcionan en ambos aspectos, lo cual demuestra que no son factores excluyentes.

También hay rayos de esperanza
También hay rayos de esperanza

Comenzamos con un ejemplo de Disney, que en muchas ocasiones hacen las cosas muy bien. La escena del bar en Tangled (Enredados) en la que descubrimos que los malos malísimos de las cloacas del mundo de Rapunzel también tienen sueños.

Dreamworks acertó plenamente al contratar a Peter Dinklage como voz para el malvado Capitán Gutt en Ice Age 4. En la canción Master of the Seas se nos presenta al Capitán y su tripulación al ritmo de una canción puramente marinera a la vez que se intercalan diálogos que nos van explicando el lado más oscuro de estos piratas.

Seguimos con Disney y su película Moana (Vaiana). El villano Tamatoa, un cangrejo gigante obsesionado con la apariencia exterior no podría tener mejor tema que Shiny, de carácter oscuro y dramático a la vez que ridiculizante y pegadizo. Lo odias a la vez que te encanta.

Para terminar y ya que hablábamos del último estreno de Pixar Coco, os dejo la nana protagonista del largometraje: Remember me. La música, como se demuestra en esta buena película, debe emocionar y enganchar, pero principalmente explicar.

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