Habrá que advertirle a Gonzalo cuando asegura que la vida personal de Vargas Llosa no nos importa que se equivoca. De medio a medio. Porque es otro novelón pero, en este caso, protagonizado por él mismo. Cierto es que últimamente su presencia en el papel couché tiñe un poco su estela literaria. Pero ya está acostumbrado. Además, el papel de galán madurísimo (en mi casa dirían que ya se ha caído del árbol de puro maduro) le pega bastante.

No es la primera vez que Vargas Llosa se pone el mundo por montera por amor. Les propongo una actividad que cuenta como deporte sin moverse de donde estén cómodamente sentados: retrocedamos en el tiempo. Imagínense a un joven Mario, sin el pelo a punto de nieve y con un mostacho latino digno de los mejores galanes. Este joven de 19 años conoce a su tía política, Julia, 10 años mayor que él. Entre ambos surge una atracción que terminará con la relación entre ambos que enfrentará a toda la familia, como narrará en su novela La tía Julia y el escribidor. A pesar de este enfrentamiento, Julia se convierte en la primera mujer del escritor. Para huir de la presión familiar, el matrimonio se establece en París.

¿Sorprendidos? Pues aún hay más. Durante su estancia en el país galo, comienzan las desavenencias entre el matrimonio. A pesar de estas crisis conyugales, la pareja suele recibir la visita de las sobrinas de Julia, Wanda y Patricia. Lo están viendo venir, no lo nieguen. Pues tienen razón: el amor surgirá entre Patricia y Mario, dando lugar a un nuevo escándalo familiar. Cierto es que Patricia se convertirá en la esposa de Vargas Llosa durante más de 50 años, matrimonio que se saldará con 3 hijos. Pero también es cierto que, poco después de celebrar su aniversario de boda a todo color en una de las revistas más famosas del corazón, se separó de forma inesperada. Apenas unas semanas más tarde saltaba a la prensa el escándalo de su nueva relación.

Vargas Llosa y Patricia, su sobrina y esposa.
Vargas Llosa y Patricia, su sobrina y esposa.

A la luz ( y las sombras) de estos hechos, la vida de nuestro Nobel de Literatura se torna más interesante. ¿No creen?

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