En la madrugada del martes, a los 103 años, nos dejaba Nicanor Parra. Supongo que lo oportuno y lo más adecuado sería decir que hoy la literatura llora la pérdida de este genio de las letras. Bien, pues lloren si les parece; yo, por mi parte, me muero de risa.

Decía Nicanor que “todo es poesía, menos la poesía”, y que “el mundo es lo que es, no lo que un hijo de puta llamado Einstein dice que es”. En una sociedad anclada y dominada por etiquetas y cortapisas, un buen día un chileno decidió ver más allá de los nombres. Lejos de acomodarse en el confortable sillón de lo establecido, se dio cuenta de que los límites marchitan, agarró toda aquella convención que encontró por el camino y no dudó en retorcerla, buscar sus fronteras y alegrarse de no encontrarlas.

Ahora que la renovación y la ruptura con la poesía del pasado parece un salto tan necesario como inabarcable, es curioso pensar que hace 64 años se publicaba ya Poemas y antipoemas, una de las obras más revolucionarias de la literatura hispanoamericana del siglo XX; un poemario que no quería serlo. Ya avisaba Nicanor en su Advertencia al lector:

“Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
«¡Las risas de este libro son falsas!», argumentarán mis detractores,
«sus lágrimas, ¡artificiales!»
«En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza»
«Se patalea como un niño de pecho»
«El autor se da a entender a estornudos».
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.”

Dicho y hecho. Pataleó, estornudó, quemó las naves, los alfabetos, los versos, las letras, las convenciones…y se convirtió, sin ninguna pretensión, en el padre de la antipoesía; la figura del inconformista capaz de ver y crear allí donde los demás ven nada.

Poetas mueren muchos. Antipoetas, uno. Nicanor Parra nos deja mucho más de lo que se lleva. Nos deja el genio, la provocación, la risa, la ironía, el bofetón, el desafío. Nos deja la excepción, lo feo, lo soez, lo políticamente incorrecto. La negación y su valentía inherente, la palabra certera, la imagen oportuna, la belleza de lo simple. La convicción de que, si las palabras se quedan cortas, se salta, se abarca más, se aprieta, y así nace el artefacto.

Nos deja la certeza de que es posible hacer de lo cotidiano un arte, y de que el arte no se define ni se restringe; el arte es.

Que diría Nicanor:chao y perdón nicanor parra

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here