Cuando contaba con la temprana edad de 28 años, nuestro escritor más universal, don Miguel de Cervantes, fue hecho preso y retenido en Argel durante más de 5 años hasta que fue liberado. Más de una y más de dos ocasiones había intentado escaparse el padre del Quijote, pero la ciudad mantenía con férreas manos a los presos cristianos. Eran la promesa de pingües rescates en una ciudad levantada en armas contra todo y contra todos.

El caso de Cervantes no fue una excepción y hubo que pagar un alto rescate por la libertad del reo, sufragado en parte por el Convento de las Trinitarias ubicado en el célebre Barrio de las Letras de Madrid. Si hilan con hilo fino, entenderán la conexión que existe pues entre este convento religioso y la última morada del escritor.

Desde principios de 2015 se dispusieron una serie de investigaciones en torno a la figura cervantina que, cito textualmente, demostraban en este lugar una “certeza histórico-documental, arqueológica y antropológica” de albergar a don Miguel. Las dificultades vienen sobre el maremágnum óseo tradicional de estos lugares, donde se han ido mezclando unos restos con otros, sin atender su relación o parentesco. Concretamente, en el lugar donde reposaría Cervantes hay restos de más de 200 personas. En el propio y supuesto  osario del escritor, aproximadamente unas 15.

Forenses con los restos hallados en la cripta de las Trinitarias
Forenses con los restos hallados en la cripta de las Trinitarias

Para dilucidar estos restos, entre los que se encuentran huesos del siglo XVII, algo que cuadraría con la defunción del autor, se necesitaría un análisis genético imposible: no se conocen descendientes y la hija del escritor no puede ser exhumada por encontrarse en otro osario similar.

Así, todo parece indicar que los restos de Miguel de Cervantes podrían descansar allí, tal y como pidió expresamente en sus últimas voluntades. No en vano, su propia hija profesaba en el mismo convento que, además, quedaba cerca de su propia casa.

Probablemente, en los próximos años se disponga en el lugar, ya de forma oficial, la disposición de la tumba del insigne autor de las letras españolas, a semejanza de lo que otros países han hecho con sus brillantes próceres de la Literatura. Que como su contemporáneo dejó dicho “poderoso caballero…”

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