Los leviatanes eran criaturas marinas diábolicas descritas en el Antiguo Testamento. Su enorme tamaño las acerca, separando leyenda y realidad, a otras criaturas marinas que pueden encontrarse por esos mares de dios: los cachalotes. Este animal posee el cerebro más grande del planeta y, por lo tanto, el más desconocido . Desarrollan férreas estructuras sociales que conservan durante toda su vida ( alrededor de 60 años) y sus hábitos y costumbres son estudiadas por su extraordinaria complejidad. Para el establecimiento de las mismas, es necesario que posean una formidable memoria, como apuntan sus investigadores.

Esta memoria inusual en los animales podría ser la explicación del ataque que en 1820 sufrió una tripulación en aguas del Oceano Pacífico. Al parecer, un animal marino de más de 26 metros arremetió contra una embarcación llamada Essex, arrasando el barco y dejando a los marineros en medio de las aguas. En un principio, los cachalotes son animales pacíficos que solo atacan a sus presas comestibles: calamares y otros peces. Sin embargo, un suceso traumático podría haber provocado que reaccionase de forma violenta ante el avistamiento de este posible enemigo. No en vano, durante el siglo XIX la caza de ballena fue habitual a fin de proveerse de los suculentos beneficios que este enorme animal generaba.

Fotografía de Henry Melville
Fotografía de Henry Melville

De los 21 tripulantes de la embarcación solo sobrevivieron 8 tras pasar 80 días en alta mar. Dos de ellos relataron la trágica experiencia en forma de narración, aunque en el momento solo una de ellas fue difundida, con relativo éxito. La historia llegó a oídos del escritor Herman Melville, quien llegó a entrevistarse con el capitán del Essex para reunir la curiosa aventura que daría lugar a la fabulosa historia de Moby Dick. El nombre de la ballena fue tomada de una real avistada por unos marineros en la época.

Con todos estos ingredientes, el genial Melville plasma la tripulación del Pequod, comandada por el capitán Ahab, en una búsqueda impulsiva y obsesiva del gran cachalote blanco. La minuciosidad y pormenor de las artes de caza de los balleneros de la época pudo, probablemente, perjudicar el éxito de la novela en la época. Sin embargo, en la actualidad es considerada una de las novelas claves de la literatura inglesa, con su conocidísima frase inicial : “Llamadme Ismael”.

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