Seguro que saben quién, entre nuestras letras castellanas, ha sido llamado “manco universal”. El prócer de la novela española, Cervantes ya fue apodado en la época “el manco de Lepanto”. Sin embargo, don Miguel no acusaba la ausencia de su brazo izquierdo, tal y como nosotros entendemos hoy en día el concepto de manco. Sirviendo a la Corona durante la batalla de Lepanto, recibió en el brazo y la mano izquierda varios disparos de arcabuz que inutilizaron el uso del mismo para el resto de su vida.

En cambio, otro de los grandes autores de nuestro país sí que perdió su brazo izquierdo y, además, de una forma un tanto rocambolesca. Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) es un dramaturgo, poeta y novelista español, de origen gallego, clave para las letras del convulso siglo XX. Su figura característica, que él mismo definió como «rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba» ha pasado a la Historia de la Literatura.

Valle-Inclán

La historia sobre cómo perdió su brazo izquierdo dio lugar a muchas anécdotas falsas que el propio autor se encargaba de alimentar y promover. Fue tan propenso a la fabulación que, una de las veces que serio y melancólico justificaba la pérdida, llegó a explicar que, ante la falta de comida en su palacio de Galicia, bajó a las cocinas, se arremangó y dispuso su brazo para el estofado, a fin de que no faltase el alimento. Otra, narró con pelos y señales cómo en un viaje, un león había atacado al escritor, arrebatándole el brazo y casi la vida.

La realidad fue bien distinta: era Ramón un airado conversador y tertuliano en la capital. Su fama de conflictivo orador iba en aumento y, en una de esas lides oratorias con el escritor Manuel Bueno, llegaron a las manos. Más que a las manos a los bastones. Fue precisamente el bastón de su contrincante quien provocó una fractura ósea de seriedad, que hirió la carne del escritor. La infección y posterior gangrena de su brazo izquierdo provocó finalmente la cirugía que arrebataba el brazo de Valle-Inclán.

Escultura del autor en Pontevedra
Escultura del autor en Pontevedra

Su adversario, tras la recuperación e incorporación de Ramón a las tertulias madrileñas, se disculpó por las consecuencias fatales del incidente.«Tranquilo, el brazo de escribir es el derecho” dijo sereno Valle-Inclán.

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