Al gran poeta inglés John Keats siempre lo clasifican como romántico pero, en realidad, lo único que tenía de tal era la tuberculosis galopante que lo llevó a la tumba en 1821 con sólo 26 añitos.

¿Qué romántico que se precie hablaría de “olvidarse de sí mismo” y “sumergirse en las situaciones y las cosas para hacerlas poemas”? O, en palabras del propio Keats: “La excelencia de todo Arte está en su intensidad, capaz de hacer que todos los desacuerdos se evaporen, por estar en estrecha relación con la Belleza y la Verdad”. Desde luego, esa especie de neoplatonismo y su insistencia en revivir los mitos clásicos y el paisaje cultural renacentista lo alejan de los presupuestos románticos. Son sus archifamosas Odas y sus sonetos los que lo han consagrado para la posteridad. Era un poeta reflexivo, ajeno a las tormentas pasionales de Byron o Shelley. Su preocupación no se centra tanto en el “yo” como en el hombre con relación al sufrimiento y la muerte. El hombre en su respuesta a los sentimientos de los otros y su comprensión de la sociedad del pasado y del futuro. La naturaleza le sirve de medio de expresión  de los sentimientos del alma y del sentido trascendental de la vida.

Parece ser que nuestro poeta visitaba a menudo el British Museum, que ya estaba repleto de antigüedades  griegas, entre otras los famosos Mármoles de Elgin, rapiñados del Partenón por el noble inglés del mismo nombre. Keats se pasaba las horas contemplando estas maravillas clásicas que han dado origen a algunos de sus más famosos poemas: Al ver los mármoles de Elgin y Oda sobre una urna griega. Para él representaban la permanencia y la certeza en un mundo efímero y amenazado por la desaparición. En la estrofa V, que cierra el poema Oda sobre una urna griega, representa de manera muy hermosa esa pervivencia de los clásicos en su corazón. Lo quiere compartir con sus lectores:

                         V

¡Oh, ática figura! ¡Oh, noble actitud! Hombres
y doncellas de mármol como adorno esculpidos,
con ramas del bosque y maleza pisada;
tú, forma silenciosa que a la razón hostigas,
como la eternidad. ¡Pastoral impasible!
Cuando la vejez a nuestra generación consuma,
sobrevivirás entre la angustia de otros,
tú, amiga de los hombres, a los que siempre dices:
“La belleza es verdad, y la verdad es belleza
-Todo eso y nada más habéis de saber en la tierra”

John Keats Urna griega
Urna griega que insipiró a John Keats

Hay que añadir que Keats sí que tiene algo muy romántico, la inmensa melancolía que destilan sus delicados poemas.

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