El frío es protagonista en los relatos de Jack London, ese americano salvaje, tosco y atractivo. El frío de las regiones del Klondike y del Yukón. De los legendarios buscadores de oro, de la lucha extrema contra una naturaleza agreste e implacable, que castiga los errores con la muerte. La soledad, el agotamiento, la inmensidad de un país indomable. En El silencio blanco aparece la búsqueda de un mito, el vellocino de oro. El mundo real y la captación personal que los personajes hacen de ese mundo hostil están muy presentes a pesar de desarrollarse las historias en un territorio tan extremo e inusual. Los hombres y los perros conviven en una batalla contra el agotamiento y el hambre. La jauría devora al perro enfermo y amenaza con devorar a los hombres pero el más fuerte se impone a golpes de hacha y látigo. Es Malemute Kid, el gigante de fuerza hercúlea, el único capaz de sobrevivir, junto a la india nativa, acostumbrada a los rigores  de esas latitudes.

Jack London había vivido las historias extremas que relata. Él también fue un buscavidas, un aventurero. Vagabundo, minero y al fin escritor de éxito. Buscaba oro y encontró algo mejor, un lugar en el olimpo de los escritores.

Lo que sorprende de sus relatos no es el argumento, cuenta las historias que conocía de los personajes con los que convivió, es la forma de contarlo. Frases cortas, directas, poco habituales en la literatura de esa época. Sorprendentemente moderno, su estilo se emparenta con los mejores cuentistas norteamericanos posteriores, desde Cheever hasta Carver. Va alternando magistralmente las descripciones del paisaje y el frío junto con las sensaciones de los personajes. Solo pinceladas, sugerencias. La ansiedad, la angustia y la presencia constante de la muerte acechan pero no hay tiempo para detenerse a pensar en ello. Hay que seguir en constante lucha con el medio hostil para no perecer. A veces, la terquedad del hombre se paga con la muerte. Es lo que sucede en su celebérrimo cuento To Buid a fire (La hoguera en español). Como telón de fondo en la búsqueda de la quimera del oro, se alza la codicia del ser humano que todo lo contamina.

Jack London era una gran conocedor de todas las debilidades humanas, su  vida novelesca lo puso muchas veces en situaciones extremas en las que uno tiene que probar sus límites. De eso hablan también sus cuentos.

Por último, mencionaré otro cuento que impresiona por su enorme crueldad. Se titula Bâtard ( traducido como Diablo en español). Es la historia de un perro, mitad lobo y mitad husky, compañero de  un despiadado buscador de oro. El dueño del perro lo maltrata y potencia su maldad  innata. El perro, a su vez, busca venganza contra el humano, atacándolo siempre que puede y recibiendo una paliza tras otra. El final es sorprendente.

Se diluyen las fronteras entre el hombre y el animal. El animal se va humanizando y el hombre animalizando. El perro se apodera de cierta inteligencia rudimentaria y el hombre actúa solo por instinto. Hay un fondo de determinismo positivista en las narraciones de London, de darwinismo y de naturalismo literario descarnado. El entorno, la herencia y la lucha por la supervivencia determinan los comportamientos de hombres y perros. Es la llamada de lo salvaje.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.