Es cierto que el  Lazarillo de Tormes aporta cambios literarios notables, pero para  aplicarle  el adjetivo “revolucionario” en el sentido estricto de “cambio violento y radical” hay que centrarse en el tono de la historia. En el uso continuo del sarcasmo  como “burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con la que se ofende o maltrata a alguien o algo”. Es cierto que Lázaro de Tormes es un antihéroe, figura clave en el género de la Picaresca, pero ya había habido otros, la Lozana andaluza, la Celestina, así que no es estrictamente novedoso en ese punto. Tampoco lo es su forma autobiográfica, ni sus muchos episodios folklóricos (los del ciego incluidos) Ni siquiera la crítica feroz al estamento eclesiástico, en forma de los amos indeseables que Lázaro sufre a lo largo de su vida

El autor del Lazarillo, fuera quien fuese, se burla  amargamente de una sociedad podrida y sin ética, pero por medio de un argumento falsamente gracioso y aparentemente trivial. De hecho, en los libros de texto para niños aparecen episodios “graciosos” como el del jarro de vino que el ciego estampó en la cara del Lazarillo, que maldita la gracia real que tiene.

Es el recurso del sarcasmo, que subyace en toda la trama, lo nuevo y revolucionario de este Tratado, La vida del Lazarillo de Tormes: y de sus fortunas y adversidades. El Lazarillo es la historia de una vida que nadie querría tener, un padre ladrón, una madre de sospechosa reputación,  mucha, mucha hambre y, al final (cuidado spoiler), una esposa compartida con un arcipreste. Y como protagonista, la negra honra, a la que todos dicen respetar  y que en realidad nadie tiene. Todos son deshonrados y deshonrosos. Lázaro acepta ser un cornudo porque es la manera de vivir bien y sin sobresaltos después de toda una vida de privaciones. El escudero no come porque no puede rebajarse  a trabajar, pero sí engañar y aparentar. Toda la colección de clérigos del libro engañan, mienten, estafan, pero siempre guardando una apariencia virtuosa. Los diferentes personajes  componen la galería de maestros del niño Lázaro que  aprende el arte de la hipocresía y pierde todo sentido de la moral, si alguna vez lo tuvo.

¿Por qué se cuenta esta historia? En el prólogo nos lo dice, para explicar el “caso”: la situación inmoral,de Lázaro y su esposa, amante del arcipreste que le da trabajo.  Para justificarse, para explicar como llega “a buen puerto” un hombre con “fuerza y maña”. Es un ejemplo de progreso: de mendigar a comer todos los días. Un triunfo sarcástico, otra vez

El libro se cierra con otro gran sarcasmo. Lázaro afirma encontrarse “en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna”, con su matrimonio y fue el mismo año en el que el victorioso emperador, Carlos V, “en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes y se hicieron grandes regocijos”. Otra victoria del gran imperio español de los pies de barro.

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