Lo primero que llama la atención del magistral Allan Poe es lo poco que tiene que ver con sus aguerridos compatriotas norteamericanos: pioneros, cowboys, tramperos y demás. Él, más bien, está cerca de los románticos europeos más puros, con sus  vidas y obras atormentadas y su intelectualidad exacerbada.

Poe escribía sus relatos para venderlos, lo que a él le gustaba de verdad era la poesía.  Sin embargo, con esos increíbles relatos, de subsistencia para él, dio paso a algo nuevo en la literatura universal: el terror puro, como antes nadie había sido capaz de describir. Poe introdujo en la literatura lo espantoso, lo sobrehumano y lo extraordinariamente infernal en cotas nunca alcanzadas antes. De ahí la fascinación que ejerció y ejerce sobre la tropa de seguidores e imitadores. Claro que todo esto no sería posible si no se tratara de un escritor con un dominio y conocimiento prodigiosos del idioma. Poe busca siempre impresionar al lector, por sus tramas ingeniosísimas, además de su hábil manejo del lenguaje. Y lo consigue. Es fascinante e hipnótico. Claro que su inmensa inteligencia y su gran soberbia no le hicieron muy popular. Las relaciones con sus contemporáneos fueron complicadas. Demasiadas enemistades, demasiada incomprensión, demasiado alcohol para sobrellevar la vida y a sí mismo.

Una madrugada de 1849 Poe fue hallado hecho un despojo humano, borracho, medio inconsciente en un callejón de Nueva York. ¿Cómo había llegado allí? No se supo. Moría poco después en un hospital. Su desaparición pasó casi inadvertida. Una muerte más de la violenta América. Esa misma América que tardó bastante tiempo en reconocerlo como una de las figuras cumbre de su literatura.

Cualquier cuento de Poe merece ser leído. Merece la pena que esas historias del genial norteamericano   nos lleven a  territorios desconocidos y aterradores de nuestra propia mente. Yo os voy a recomendar uno, El corazón delator. Me encanta ese cuento. ¿Cómo es posible, en apenas cuatro hojas, describir la locura, el crimen y la culpa posterior de un ser humano de esa forma tan poderosa y sugerente? ¿Cómo es posible que el lector se sienta tan peligrosamente identificado con esa obsesión absurda, mezclada con la culpa, que lleva a la catástrofe final?

¿Porque es el fondo oscuro del alma humana lo que subyace en este relato?¿Porque nada de lo que pasa en estos inquietantes cuentos nos es ajeno a pesar de sus rocambolescas tramas?

Muchas preguntas. Pero la literatura grande está hecha sobre todo de preguntas. ¿O no? ¡Leed a Poe!

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