Dicen que en todos los oficios hay que empezar desde abajo. Ir creciendo, observando, para luego conseguir llegar a la cúspide en la plenitud de tu saber laboral. Varios problemas parecen acosar a tan puro fin. El primero es que puede uno dejarse la piel y la ilusión en su trabajo y continuar siendo la misma mota de polvo en la pirámide laboral, no siempre justa. Otro, aún peor, es el mal del siglo XXI: la inmediatez. El esfuerzo no gusta, no satisface, no tiene cara dulce. Queremos todo pronto y rápido.

Si sumamos a este deseo la fiebre por el dinero y el éxito que, desde tiempos inmemoriales, perturba la frente del común mortal, ya tenemos el problema completo. ¿Creen que los escritores están a salvo, en su isla literaria, de este deseo? No están tan lejos de ser humanos…

Vivir de la Literatura es muy difícil, pero es cierto que, en ocasiones, el éxito literario ha cambiado la vida de escritores, editoriales… uno de los casos más conocidos es el de la autora del archiconocido Harry Potter, la británica J. K. Rowling. Según ha explicado ella misma, se encontraba en un estado económico crítico antes del inesperado éxito del mago. Algo parecido le sucedió a nuestro Nobel en lengua castellana Gabriel García Márquez, que malvivía sin disfrutar del éxito literario que vendría tras una ardua lucha por publicar Cien años de Soledad.

Matar a un Ruiseñor

Así muchos escritores famosos han desarrollado curiosos trabajos antes de vivir de su propiedad intelectual. Por ejemplo el irlandés James Joyce se ganaba la vida como cantante y pianista antes de publicar Dublinenses. El inquietante escritor checo Frank Kafka era vendedor de seguros. William Faulkner repartía el correo en la Universidad donde realizaba sus estudios, con poca destreza al parecer. La americana Harper Lee que consiguió el Pulitzer por su famoso Cómo matar a un ruiseñor trabajaba recogiendo llamadas en una central de aerolíneas. Más curioso fue el empleo del mago de la literatura infantil Roald Dahl que trabajaba nada más y nada menos que como espía británico conspirando contra los americanos durante la II Guerra Mundial (lo que al parecer le contrajo numeroso éxito entre las mujeres). Por ir acabando con los ejemplos, el celebérrimo Stephen King logró la inspiración para una de sus obras con su frustrado puesto como bedel en un instituto.

Como dijeron en aquella exitosa serie de televisión: “la fama cuesta”. Y la Literatura no podía ser una excepción.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.