La verdad es que ya son ganas, pero lo cierto es que el resultado no podría ser más interesante. A la edad de 13 años, el joven Jordan Wilson decidía que era buen momento para empezar a hacerse una fotografía cada día. Con un gesto similar, siempre en la misma posición y respetando el fondo de una forma rigurosa al extremo, el chaval arrancaba su experimento allá por el 25 de diciembre de 2007. Desde entonces, ni una falta a su cita diaria con la cámara.

Ni más ni menos que 10 años ha estado Jordan Wilson siguiendo el mismo ritual. Todo ello le llevaba hasta la Navidad de 2017, cuando decidía que era el momento óptimo para la presentación en sociedad de su trabajo. El resultado no era otro que un time-lapse absolutamente impresionante y que no tardaba en causar furor en las redes.

¿Cuál ha sido la gran habilidad del bueno de Jordan? Pues elegir el momento. El paso de niño a hombre, pasando por adolescente, permite ver como la vida se va abriendo camino en los rasgos de un joven que nos regala una pieza de inestimable valor.

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