El ejercicio es bien sencillo: hay que apretar un botón. Este simple gesto es capaz, en muchas ocasiones, de hacer temblar los cimientos del mundo. Un instante inmortalizado en forma de fotografía, como el de la instantánea tomada por Michael Wells en 1980.

Mucho ha llovido desde aquellos días. Por aquel entonces, Uganda se encontraba sumida en la miseria más absoluta. El retorno de Milton Obote y el final de la dictadura del terrible Idi Amin era una noticia más o menos aceptable, pero la herida del país africano era mucho más profunda de lo que podía imaginarse. Por si no fuese suficiente con haber acabado con la vida de 300.000 personas, Amin había dejado un panorama de hambruna y pobreza desmedida. En ese contexto, los misioneros trataban de luchar contra lo imposible. Así era como se producía el momento.

Fotografía de Michael Wells (1980)
Niño y misionero en Uganda (1980) | Michael Wells

Una mano de un misionero sujeta la de un pequeño en estado de desnutrición. Ninguno de los dos tiene rostro, pero sus manos lograban poner de relieve lo dramático de la situación. Aquella fotografía tomada por Michael Wells daba la vuelta al mundo y rompía el corazón de propios y extraños. De hecho, era considerada como la mejor foto del año por la revista World Press Photo. Y es que el impacto que causaba la instantánea provocaba una reacción global para la lucha contra el hambre en África. Sin embargo, lo que realmente duele de observar la imagen en cuestión es saber que, casi 40 años después, manos como estas siguen encontrándose.

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