Ni por un instante se nos pasaría por la cabeza poner en entredicho el talento de tan excelsos actores, pero no era su año. Penélope Cruz y Javier Bardem representan lo mejor del cine español. Además de los incontables papeles gloriosos que nos han dejado, los dos oscarizados intérpretes han sido capaces de demostrar en Hollywood que aquí nos sobra talento. Obviamente, nuestro país es el primero que debe reconocer tales virtudes, pero para ello no hace falta meterlos con calzador en las nominaciones a los Goya.

Efectivamente, los miembros de la Academia de cine Española se descolgaban con sendas nominaciones a Interpretación Protagonista para Penélope Cruz y Javier Bardem. Ambas se producían por la fallida Loving Pablo. No se puede decir que la pareja estuviese mal, pero su trabajo quedaba lejos de ser destacado, sufriendo por lo pobre del filme. No había mucho de donde sacar. Sin embargo, parece que el afán por llenar de estrellas la gala ha pesado más que cualquier consideración artística.

Marián álvarez
Marián Álvarez en Morir

El cine español no necesita ya de artificios. Conviene sacudirse de encima un cierto complejo de inferioridad que aflora de vez en cuando. El nivel cinematográfico de las producciones patrias roza lo sublime. Hay que tener la altura de miras suficiente como para nominar a los que lo merecen, ya que es esa la única forma de lograr el mayor de los respetos. La realidad es que Marián Álvarez ha perdido la nominación por Morir de forma inexplicable, ya que su interpretación en el filme era incluso merecedora del galardón. Tampoco la nominación de Núria Prims por Incierta gloria habría sido reprochable. Tres cuartos de lo mismo podemos decir de Marcel Borrás (Incierta gloria) o David Verdaguer (Tierra firme) en la categoría masculina. Grave error de la Academia de Cine española.

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