Algo está cambiando. A lo largo de los últimos meses, los escándalos de acoso que han inundado la durante décadas comenzaban a salir a la luz. El bochornoso caso de Harvey Weinstein era la mecha que prendía la llama del #MeToo y de infinitos movimientos con los que las mujeres (y muchos hombres) arrancaban la guerra abierta en busca de la igualdad femenina. Sin embargo, algo había nacido ya tiempo atrás.

Si un género cinematográfico lo ha petado en la última década ese es el cine de superhéroes. Batman, Iron Man, Spider-Man y compañía empezaban a arrasar, hasta el punto de que hoy son garantía de salas de cine llenas hasta la bandera. Mientras tanto, los personajes femeninos quedaban relegados al papel de “la chica”. Maltrato sistemático a la idea de que una mujer podía tomar las riendas de todo. El eterno temor a la idea de una mujer poderosa.

Viuda Negra

Poco a poco, el cine de superhéroes comenzaba a desdibujarse. La misma fórmula se repetía una y otra vez. Los responsables de los grandes estudios se preguntaban por qué estaban perdiendo pegada a semejante velocidad. No se estaban dando cuenta de que desperdiciaban sistemáticamente la vertiente femenina de estas historias. La Viuda Negra de Scarlett Johansson llevaba tiempo demostrando que gran parte del éxito de Marvel se explicaba por la riqueza de su personaje, el cual se introducía en todas las películas. Sin embargo, tendría que llegar Batman v Superman para que todo cambiase.

Efectivamente, el día que se batieron en duelo los dos personajes más famosos del cine, apareció una tal Gal Gadot para comérselos con su Wonder Woman. Nadie contaba con ello, pero comenzó a hacerse evidente que el camino para el éxito pasaba por ellas. Así llegaría la tremenda película en solitario de Wonder Woman o la Harley Quinn de Margot Robbie salvando del desastre Escuadrón Suicida.

Batman v Superman Wonder Woman

A día de hoy ya tenemos en el horizonte la cinta en solitario de Viuda Negra, X-Men: Phoenix Oscura, Capitana Marvel, Wonder Woman 2 y un filme centrado en Harley Quinn. Llegarán más, porque el cine de superhéroes ya no le pertenece a un Batman que se ha vuelto plano, sino a unas superheroínas que irrumpen plagadas de aristas.

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