Hollywood te lo da, Hollywood te lo quita. El cementerio de estrellas vivientes del cine esta plagado de grandes e ilustres nombres. A lo largo de décadas, la industria nos ha acostumbrado a ver como muchos rostros irrumpen ante las cámaras de forma arrolladora. Sin embargo, de la noche a la mañana, desaparecen sin dejar rastro. Ese es el caso de intérpretes tan afamados como el de Eddie Murphy.

Sin lugar a dudas, él fue el auténtico rey de la comedia en la década de los 80. Ni más, ni menos que el enorme Nick Nolte era el primer compañero de reparto de un jovencísimo Eddie Murphy que, allá por el año 1982, comenzaba su década prodigiosa con Límite 48 horas. Era el principio de una merteórica carrera en la que se irían alternando títulos del calibre de Superdetective en Hollywood, Entre pillos anda el juego, El príncipe de Zamunda o El chico de oro. Todo eran éxitos, montañas de dinero y amor incondicional del público.

Eddie Murphy

Desgraciadamente, la década de los 90 se convirtió en una tortura. Ya nada fluía como antaño. el drama se veía venir a gran velocidad y sin frenos. Ese fue el momento en el que Eddie Murphy tuvo la “brillante” idea de empezar a interpretar media docena de personajes en cada película. Bajo capas de látex, la ordinariez y el humor más absurdo (en el mal sentido) tomaban el control y enterraban la carrera del actor. Solo voces en Mulan o Shrek le permitían conservar un leve estatus de estrella que estaba a punto de irse también al garete.

Llegó entonces el año 2002 y el desastre absoluto. Eddie Murphy se lo jugaba todo a una carta, pero el experimento no podía salirle peor. Y es que el infinito presupuesto de esa aberración cinematográfica llamada Pluto Nash era el último clavo en el ataúd de su carrera. Más de 150 millones de pérdidas dejaba este cruce entre comedia y ciencia ficción. Demasiado bien le fue…

Pluto Nash

Así las cosas, la carrera de Eddie Murphy todavía se encontraba con una oportunidad inesperada. En 2006, su papel por Dreamgirls le valía una nominación al Oscar. El actor se sentaba en la gala como favorito, pero saltaba la sorpresa y la estatuilla terminaba en manos de Alan Arkin (Pequeña Miss Sunshine). La que prometía ser la noche de su resurrección terminaba de la peor forma posible. Un aplauso forzado, careto y abandono de la gala a mitad de la ceremonia. Lejos de llevarse el Oscar, Murphy salía del lugar con la antipatía de un público al que no le gustaba nada la reacción.

El príncipe de Zamunda 2 y Triplets (secuela de Junior) son los dos proyectos que Eddie Murphy tiene hoy en cartera. Si esta vez tampoco sale bien la cosa, se antoja improbable que vuelva a tener una nueva oportunidad, en cuyo caso le auguramos un futuro viviendo en compañía de un chimpancé en una mansión de Sunset Boulevard.

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