Han pasado ya unos cuantos añitos plagados de cine. Cierto es que este nuevo milenio no está siendo una locura a la hora de ofrecernos obras maestras, pero resulta innegable que hay un buen puñado de cintas dignas de hacerse un hueco entre las mejores del séptimo arte. Sin embargo, nosotros tenemos una querencia especial por el filme que, a nuestro juicio, ha marcado el techo cinematográfico de lo que va de milenio. Seguro que, tarde o temprano, una cinta consigue golpearnos tan duro como El secreto de sus ojos, pero no será sencillo.

Benjamín Espósito es oficial de un Juzgado de Instrucción de Buenos Aires recién retirado. Obsesionado por un brutal asesinato ocurrido veinticinco años antes, en 1974, decide escribir una novela sobre el caso, del cual fue testigo y protagonista. Reviviendo el pasado, viene también a su memoria el recuerdo de una mujer, a quien ha amado en silencio durante todos esos años.

El secreto de sus ojos Ricardo Darín

Cuando Juan José Campanella decidió invitarnos a acompañarle en su viaje, lo cierto es que nadie podía imaginar que estábamos a punto de asistir al nacimiento de una auténtica obra maestra. Y es que las palabras se antojan insuficientes en tonalidades para pintar el paisaje de emociones que la cinta traza en nuestras almas. El Secreto de sus ojos nos ofrece mucho, pero mayor es la carga de lo que sugiere. Duele comprobar como cada trama del filme se guarda un salto al más oscuro abismo.  Si a ello le sumamos el descomunal talento de Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella, el resultado no es otro que la película más humanamente divina de este pobre siglo XXI.

Durante muchos pasajes de El Secreto de sus Ojos habrá quien cometa la torpeza de creer que está asistiendo a la proyección de una cinta normal y corriente. De hecho, esto es lo que pretende un filme que te lleva a tu zona de confort para asestarte un golpe de gracia de esos que dejan cicatriz. 

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