Desde hace bastante tiempo sospechábamos que el auténtico villano de Liga de la Justicia era Zack Snyder, lo que ha terminado por confirmarse. El universo cinematográfico de DC cómics en el que tanto empeño está poniendo Warner Bros detectaba el problema demasiado tarde. Casi tres películas necesitaban los responsables de la major para darse cuenta de que Snyder no era el tipo que adecuado para la empresa. Y decimos “casi”, porque Warner decidía prescindir de su hombre fuerte durante la fase final del proyecto. Tras las fallidas El Hombre de Acero y Batman v Superman, alguien todavía tenía el valor de apostar por un director que ya ha dicho su última palabra entre superhéroes.

Liga de la Justicia no funciona. La realidad es que, pese a ciertos pasajes en los que la energía del filme consigue distraer, poco o nada rompe la barrera de la irrelevancia. Da la sensación de que Joss Whedon se encontró algo muy difícil de arreglar. Cuando el responsable de Los vengadores se sumó al proyecto a principios de año, poco podía hacer. Una montaña de dinero para reshoots y el control sobre el montaje no eran suficientes. Zack Snyder ya había construido gran parte de la película, de modo que la mano de Whedon únicamente alcanzó para hacer que este Frankenstein se moviese.

Desgraciadamente, Liga de la Justicia tiene muy poca identidad. Se notan ciertos intentos de darle un tono menos oscuro al filme, lo que se traduce en bandazos extraños de lo cómico a lo dramático. Y lo peor es que todo ello se produce en medio del caos creado por unos efectos visuales empalagosos hasta la saciedad.

Si un detalle de valor tiene Liga de la Justicia (también hay cosas buenas, pero tienes que fijarte mucho), ese es lo que promete. El Flash de Ezra Miller y el Aquaman de Jason Momoa tienen los ingredientes necesarios para brindarnos grandes momentos gloriosos en los próximos años. Las películas en solitario de ambos se revalorizan rotundamente tras comprobar su buen hacers. Lástima que a Wonder Woman no se le preste la atención debida y que las dudas se reflejen en la mirada de Ben Affleck. El grupo funciona, a pesar de que Cyborg sea poco más que un extra. Sin embargo, el auténtico robaplanos es el labio superior de Henry Cavill. Y es que el actor acudía a los reshoots con el bigote exigido para el guión de la nueva Misión Imposible, lo que se eliminaba digitalmente, pero con poca pericia.

Vamos a hacer como que nunca sucedió. Para ser fieles a la realidad, no hemos podido ver a Joss Whedon desplegar su talento. En la segunda entrega será distinto. Ahí llegará el examen para un grupo de superhéroes que nos deja de bajón.

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